sábado, 29 de noviembre de 2008

Estas palabras no son anónimas

Creo firmemente que el objetivo de todo ser humano debería ser dejar el anonimato mundial. No hablo de la fama, pero si del reconocimiento de lo que fue creado para ser conocido en cual sea que fuera su expresión. La fama es de la gente; en cambio el reconocimiento es de la obra. Se habla de famosos, pero no de reconocidos.
Por eso escribo, porque las letras perduran a través de los tiempos, y después de incluso muerta tal vez alguien lea mis textos en silencio. Así mi obra habrá sido reconocida, y yo desde donde la vida ya no es, estaré satisfecha porque dejé el anonimato mundial cuando mi obra cumplió su misión: solamente ser leída.
Hace poco, justamente leyendo, me encontré con una frase que me pareció ambigua, de un escritor francés muerto hace siglos. "Toda nuestra infelicidad procede de no poder estar solos" Jean de la Bruyère.
La ambigüedad existe en la frase porque somos seres sociables y por eso no podemos estar felices cuando estamos solos. O, por otro lado, seríamos seres felices si nos dejaran vivir solos y en paz.
Estoy segura que Jean de la Bruyère dejó el anonimato mundial, no porque tu y yo hayamos ahora interpretado su obra, sino por el inicial acto de haber escrito algo legible para quien lee, y para aquél que podría. Nada falta.

lm.